Santiago Mallebrera Ferrer La escritura egipcia, siempre ha fascinado a todo aquel que se ha acercado a su cultura y a sus monumentos. Allí dónde posemos la vista siempre encontramos infinidad de textos que llenan cualquier pequeño espacio disponible dentro de las decoraciones de los templos y objetos que encontramos. Pero ya en la antigüedad, su significado había caído completamente en el olvido. La escritura era para los egipcios sagrada y su conocimiento se limitaba a un reducido número de sacerdotes y escribas, que al desaparecer hicieron desparecer con ellos el secreto de los jeroglíficos. Para que estos textos volvieran a hablar, tuvieron que transcurrir más de 13 siglos, en una época en la que dos grandes potencias luchaban por gobernar el mundo.
Napoleón había puesto su mirada en Egipto. La rica tierra de los faraones siempre había interesado al comandante y en 1798 comenzó la campaña con la pretendía agregar estas tierras al dominio francés. Pero no sólo se trataba de una campaña militar, sino que se hizo acompañar por 167 especialistas que tendrían como misión el estudio de aquella fascinante tierra. El 23 de agosto de ese año, Napoleón entró victorioso en El Cairo y a partir de aquí, comenzó una fascinante aventura que llevaría cómo fin el mayor estudio que se había hecho hasta la época de la tierra del Nilo. Pero los ingleses no podían permitir que Napoleón controlara Egipto, un importante paso terrestre para el comercio con Asia. Por ello, el comandante Nelson, lanzó su flota contra los desprevenidos buques franceses que se encontraban en la bahía de Abukir, consiguiendo así controlar el Mediterráneo y aislando a las tropas francesas en el interior de Egipto. A pesar de los reveses militares, el grupo de sabios de la expedición seguían realizando sus trabajos sobre el terreno, descubriendo fantásticas y grandiosas maravillas. Pero el bloqueo naval suponía un problema por lo que se decidió fortificar la costa en previsión de un ataque inglés. En la estratégica ciudad de el-Rashid (Rosetta), se procedió a demoler una antigua fortaleza árabe para la construcción de un fuerte defensivo. Tras una pared de adobe apareció una enigmática losa de granito que contenía un escrito en tres lenguas distintas: jeroglífico, demótico y griego. Desde muy pronto se dieron cuenta de la importancia de este descubrimiento y los primeros estudios sobre ella no hicieron más que confirmarlo. Al final del texto griego se indicaba que los tres textos contenían lo mismo ¡¡Por fin se disponía de un texto jeroglífico en el que se sabía exactamente que decía!!! Se hicieron copias de la piedra y se distribuyeron entre los mejores eruditos de la época. Pero la piedra permaneció poco tiempo en manos francesas.
Los ingleses finalmente vencieron a las tropas francesas el 21 de marzo de 1801. Cómo condición indispensable para la rendición, se obligó a los franceses a devolver todas las antigüedades que habían encontrado durante sus tres años de estudio en Egipto. Sin lugar a dudas, la pieza estrella era esa losa de granito encontrada en Rosetta, que podía contener la llave para descifrar los jeroglíficos egipcios. Tras una serie de intentos franceses por ocultar la piedra, finalmente ésta pasó a manos inglesas que inmediatamente la mandaron a Inglaterra. Finalmente la piedra fue depositada en la biblioteca de anticuarios de Londres el 11 de marzo de 1802.
Pero las aventuras de la piedra rosetta no acabaron aquí. A partir de entonces comenzó una dura carrera para descifrar la lengua de los faraones. Los más sabios de todo el mundo, dedicaron todos sus esfuerzos por encontrar la correlación entre el texto griego y el jeroglífico. Pero todo fue en vano durante más de dos décadas hasta que un joven francés, Jean-François Champollion, consiguió desvelar todos sus secretos. A partir de aquí se abrió un nuevo camino dentro de la egiptología ya que por primera vez desde hacía siglos, por fin se podían leer todos los escritos que los antiguos habitantes del Nilo habían dejado para la posteridad.
EL TEXTO.
La inscripción de la piedra de Rosetta, es una copia de un decreto promulgado por Consejo de sacerdotes reunido en Menphis para celebrar el primer año de reinado de Ptolomeo V. Dicha celebración tuvo lugar en la primavera del año 196 a.C. Este faraón había accedido al trono en su octavo año de reinado (esos 8 años estuvo como corregente), y en líneas generales muestra el agradecimiento de los sacerdotes por las prebendas y donaciones que el Rey había realizado en su coronación.
La inscripción está datada en el cuarto día del mes griego de xandikos (abril), que correspondía al día dieciocho del mes egipcio de Meshir durante el 9º año de reinado de Ptolomeo V. En ese año Aetus era el primer sacerdote y Pirra, hija de Philinus, Areia, hija de Diógenes, e Irene, hija de Ptolomeo, eran las principales sacerdotisas.
Las primeras líneas de la inscripción son una lista de todos los títulos y epítetos del joven Faraón, en los que se proclama su piedad y su amor por su pueblo y su país. En una segunda parte del texto, aparecen una relación de las medidas de gracia y prebendas que el Faraón ordenó tras su ascenso a trono. Además de una serie de donaciones y condonación de deudas entre las leyes aprobadas cabría destacar:
- La liberación de presos que habían permanecido en la cárcel muchos años - La abolición de las levas para la marina - La reducción de los tributos que pagan los templos a la corona - El perdón de los rebeldes que tendrían permiso para volver a Egipto y vivir allí. - El sitio y conquista de la ciudad de Shekan (Lycópolis) - La restauración de los servicios de los templos . - La reconstrucción de los santuarios y edificios sagrados en ruinas y la provisión de los mismos. - La restauración de los templos de Apis y de los toros Mnevis y los de otros animales sagrados.
Cómo señal de gratitud del clero hacia el Rey por todos estos actos, el Consejo de los sacerdotes decidió instaurar el ceremonial que se debe al honor del Faraón en los templos. Para ello dictó una serie de normas en las que se ensalza a Ptolomeo V cómo una divinidad.
Finalmente el texto griego de la piedra finaliza diciendo que: El decreto será escrito en una estela de piedra en la escritura divina (jeroglíficos), la escritura de los documentos (demótico) y la escritura oficial (griego). Este decreto será colocado en cada templo de primer, segundo y tercer orden junto a las estatuas de Ptolomeo V, ¡¡vivo eternamente!!
